Julio Bosque

Los textos de Julio Bosque

 

Escritos
Victor Segrelles

Hacía meses que no veía una obra nueva de Julio Bosque.

            En las últimas visitas a su estudio lo había encontrado rodeado de periódicos, ensimismado, recortando metódicamente fragmentos de textos de diferentes formatos: de una línea, de dos, de tres, columnas enteras ... descartando los espacios blancos -incluso los propios de la puntuación-, los titulares y las negritas, seleccionando así tramos densos y uniformes de texto exclusivamente.

            Tan generoso esfuerzo de acopio y clasificación de materiales correspondería, obviamente, a los preámbulos de una nueva serie de obras. Había asistido a etapas similares en su proceso creativo. El uso predominante del collage a lo largo de su trayectoria artística, como recurso técnico -y también como idea, como manera de entender el arte- justificaba sobradamente estas fases, digamos especializadas, para la creación de las obras.

            En sus cuadernos, entre miles de anotaciones y esbozos de geometrías, sobresalían las series de bocetos sucesivos que preparaba antes de decidir la presentación final de una obra: estudios de diseño de las formas, cálculos de las dimensiones, de las proporciones, simulaciones de las texturas, incluso proyecciones tridimensionales de la obra una vez construida, hasta llegar a un último dibujo, casi un mapa, un manual de instrucciones para su correcta realización.

            Sin dar descanso a las tijeras empezó a encolar sobre grandes papeles (de 70 x 100 cm.) los recortes seleccionados de los periódicos proponiendo nuevas ordenaciones del texto por líneas, módulos y columnas, en alusión evidente a la presentación de la información en el medio de dónde procedían estos fragmentos: prensa española, alemana, rusa, árabe o japonesa. Las diferentes tipografías de sus escrituras y su babélica dimensión lingüística apuntaban decididamente a un uso del texto como imagen al tiempo que como herramienta comprometida en una mirada muy crítica sobre el estado actual de la información. Una vez finalizado el collage, trazos grisáceos de acuarela surcarían toda la superficie de la obra reproduciendo los ritmos de la estructura compositiva de los textos, como pintura que se identifica con escritura y que acepta su suerte.

            Los primeros bastidores que llegaron a su estudio fueron rápidamente entelados o cubiertos con chapa de madera, e intervenidos por el artista -con pintura unos y collage los otros- con una pasión y una entrega inolvidables. Con ellos construyó dípticos y trípticos de gran formato, compuestos por cuadrados, estilizados rectángulos y trapecios que se repetían o complementaban dando origen a “nuevas” e imponentes estructuras geométricas por las que discurrían en paralelo pintura y escritura, entre infinitas gamas de negros, grises y blancos.

            Sin título específico que las distinguiera entre sí, todas estas obras quedarán agrupadas bajo el epígrafe “Textos”, y serán el núcleo de las exposiciones individuales que realizará en Tránsito (Toledo) y en la Galeria I Leonarte (Valencia), ambas en la primavera de 2000.

              Seguirá desarrollando esta serie y al año siguiente, junto a una reducida muestra de sus obras más recientes, se presentará la edición del catálogo “Julio Bosque. Textos (1999-2001)” en La Linterna (Valencia). Entre los excelentes textos de Juan Bta. Peiró y Wenceslao Ventura, aparecían documentadas las obras y exposiciones citadas, junto con otras piezas aún no exhibidas. De estos últimos trabajos destacaban una colección de papeles -de pequeño formato- en donde los textos jugaban a componer tramas y texturas diversas con el soporte de pinceladas sutiles de acuarela y, muy especialmente, dos obras: una enorme forma hexagonal configurada mediante un tríptico en el que la materia empleada para definir las partes que lo integraban remitía, de nuevo, a la dualidad imagen-escritura, y “Babel”, que en sus ocho elementos recogía inteligentemente, a modo de catálogo de muestras, los diferentes registros -técnicos y conceptuales- sobre los que había ido trabajando. Dos poderosas piezas que compendiaban a la perfección las intenciones del artista y en las que se vislumbraba el camino a seguir: el color entraba en acción, apenas sugerido todavía a través de la propia textura del papel de periódico encolado y de alguna incursión con barnices, al tiempo que su estructura geométrica se hacía más compleja y fragmentada. El hexágono no tardará en incorporarse a la Col.lecció Paral.lel 39 y será una de las piezas más valoradas de la selección de obras de esta singular colección privada de arte -memoria del proyecto galerístico de quien subscribe-, que pudo verse a principios de 2002 en el Club Diario Levante (Valencia). También “Babel” se expondrá, meses más tarde, en esta misma sala, en la individual que presentó Julio, y se quedará en la institución como una de las obras destacadas de su colección de arte.

              Peiró, en el catálogo citado, resaltaba la importancia de la repetición en la obra de Julio Bosque, como recurso retórico y como actitud inherente al acto creador. El grabado, en tanto que obra seriada, repetida, ofrecía sugestivas sintonías con su discurso, que le llevarían a editar para esta serie la carpeta de obra gráfica “Textos 2002 -con la colaboración de Vicente Fuenmayor-, compuesta por tres serigrafías sobre bases litográficas de imágenes que reproducían sus habituales collages.

              Cuando el stock de recortes hubo descendido notablemente, las tijeras volvieron a escena, pero con tal fruición que algunos amigos decidimos colaborar espontáneamente proporcionándole cuántos ejemplares de periódicos de distintas lenguas y procedencias conseguíamos adquirir en los quioscos del centro. Ya no seleccionaba líneas, tan sólo columnas, bloques densos de texto, aprovisionándose de la materia necesaria para las obras que proyectaba realizar, en las que el collage iba a cobrar más protagonismo. Experimentó durante meses con barnices de todo tipo hasta que dio con las coloraciones y texturas que buscaba y, por fin, en el intenso verano de 2002 realizará la mayor parte de las obras que compondrán su individual en el Club Diario Levante.

              El collage ahora ocupaba casi la totalidad de la superficie “pictórica”. Tan abrumadora combinación de textos sin principio ni final, de diferentes lenguas y grafías, descontextualizados, desprovistos de sentido, quizá pretendiera llevar al paroxismo su crítica a la excesiva fragmentación de la información en la actualidad, al tiempo que aportaba un mayor efecto plástico. El color había irrumpido con fuerza en trípticos que devenían figuras geométricas (“Paralelepípedo”, “Cubo”) y en complejos polípticos a través de los que representaba planos repetidos, proyectados, superpuestos, con un evidente sentido constructivo (“Tabiques”, “Étages I”). Reduciría al mínimo los elementos de algunas obras convirtiéndolos literalmente en listones que, convenientemente repetidos, conformarían secuencias de planos horizontales y verticales divididos internamente o, como en el caso de la pieza titulada “Catálogo” actuarían como inventario de tonalidades de color. Los “Cuartetos” que venía realizando sistemáticamente en las distintas fases de esta nueva serie responden a esta última orientación: ejercer de muestrario de texturas y colores que tratan de capturar la esencia de las obras que se han ido construyendo en paralelo.

              En Port de Sagunt, en la sala de exposiciones del Centre Cívic “Antic Sanatori”, asistiremos en breve a una nueva puesta en escena de “Textos”. El último movimiento ha consistido en crear alineaciones de pequeños elementos rectangulares que retienen en sus superficies toda la experiencia artística precedente, a la vez que componen en el espacio figuras marcadamente constructivas, con la apariencia visual de ser ladrillos de un muro, partes de un todo que es la arquitectura de su obra.

              Una pintura inteligentemente trazada, con la que elabora un discurso a la vez artístico y crítico en torno a conceptos clave de la cultura contemporánea como “deconstrucción” o “intertextualidad”. El collage, desplegado eficazmente -con técnica exquisita-, como proceder análogo a ciertas poéticas de la fragmentación y la yuxtaposición. El texto como imagen; escritura y pintura recorren las obras entre estudiadas tensiones cromáticas y una fuerte querencia a la abstracción geométrica. El impacto visual de su escala y complejidad formal, y los diferentes niveles de lectura que formula entre líneas -nunca mejor dicho-  favorecerán un ámbito de relación entre espectador y obra que convertirá la contemplación de estos últimos trabajos de Julio Bosque en una experiencia estética -intelectual y emocional- de primer orden, poco habitual en los tiempos que corren, en el arte, y en lo que no lo es.

             

Víctor Segrelles. Octubre 2003.