Julio Bosque

F(r)icciones

 

Escritos
Juan Bautista Peiro

Imaginemos que se corta una pintura en pequeños pedazos casi monocromáticos y que luego se usa a estos últimos como piezas de un rompecabezas. Inclusive si una pieza así no es monocromática, no debería indicar ninguna forma espacial, sino que debería aparecer como una mancha de color plana. Sólo junto con las otras piezas se convierte en un pedazo de cielo, una sombra, un efecto de luz, una superficie cóncava o convexa, etc.

 

Ludwig Wittgenstein

 

Repetir es una forma de comportarse, aunque en relación con algo único y singular, que no tiene semejante o equivalente. Y tal vez esta repetición como conducta externa sea por su cuenta eco de una vibración más secreta, de una repetición interior y más profunda en el singular que la anima. (...) Oponemos, pues,  la generalidad, como generalidad de lo particular, y la repetición como universalidad de lo singular. Una obra de arte es repetida como singularidad sin concepto, y no es por azar que un poema debe ser aprendido de memoria. La cabeza es el órgano de los intercambios, pero el corazón es el órgano amoroso de la repetición. (Cierto es que la repetición también concierne a la cabeza, pero precisamente porque es su terror o su paradoja).

 

Gilles Deleuze

 

Quienes no conozcan el trabajo pictórico de Julio Bosque -y a lo peor, incluso aquellos que lo conocen bien- se preguntarán por el sentido del título y de las dos citas que hemos seleccionado para introducir el  presente texto. En principio -pero no sólo eso- estos dos párrafos intentan resumir el proceso reflexivo previo a la propia escritura de estas palabras y posterior a la contemplación de las obras concretas. Resumen alejado de la conclusión cerrada y cercano a la sugerencia abierta que intenta incidir sobre dos cuestiones que considero centrales en su pintura:

 

            1- La relación escrito-pintado. La fricción entre lenguajes distintos para desnudar el problemático binomio continente-contenido y constatar, una vez más, que la poesía, la belleza, se sitúa en una esfera otra, más allá (o más acá) de la razón, de la lógica del sentido.

            2- La importancia de la repetición no tanto como un recurso retórico, sino como una necesidad inherente al creador, como una condición ineludible de la verdadera creación.

 

            Finalmente, el título también tiene una doble lectura, o persigue cuanto menos una doble intención:

 

            1- Incidir en la capacidad evocadora, ficcional, precisamente de las fricciones que se producen en las fronteras interdisciplinares y (extra)lingüísticas.

 

            2- Conjugar el sentido genérico de este texto con un modesto homenaje (la forma más encomiástica de la cita) a Jorge Luis Borges, haciendo referencia a Ficciones,  sin duda una de sus más célebres obras literarias.

 

           

Julio Bosque llevaba años empeñado en pintar con imágenes reproducidas sobre papel, recortadas, pegadas, ahora utiliza imágenes de palabras impresas igualmente manipuladas. Manteniendo el collage como constante, así como los pares imagen-materia y escritura-pintura, J. Bosque ha introducido sutiles pero significativas modificaciones. De las imágenes materiales de imágenes fotográficas que yuxtaponía con zonas de color saturadas cromáticamente a las imágenes materiales de escrituras a las que superpone manchas de color no-color (grises), el hilo conductor es tan claro como la distancia que las separa. Dicho en otras palabras, J. Bosque ha dejado de recortar imágenes como textos fragmentados de ese texto único que también es un cuadro, para incorporar textos escritos de periódicos como imágenes de esa imagen compleja que también es una pintura.

 

            La primera cita de Wittgenstein viene como anillo al dedo para condensar en unas líneas el compromiso con la pintura en tanto que materia coloreada reducida a una mancha plana cuando se corta en pedazos. Sólo la reordenación de esos pedazos, su nueva coexistencia, es la que generará nuevos significados. Salvando las lógicas distancias, no es en absoluto descabellado afirmar que estamos ante una descripción precisa del proceso de investigación pictórica de Julio Bosque.

 

Uno de los rasgos fundamentales, si no el rasgo esencial y definitorio del lenguaje artístico es que continente y contenido, significante y significado, forman una totalidad indivisible. En el caso de una obra artística, en tanto que realidad material, física, objetual, tenemos también el binomio imagen-materia. Esa síntesis necesaria de la obra de arte remite entonces a la inevitable fusión entre fondo y forma, entre estructura y superficie de ese todo que constituye una obra de arte. Desde este punto de partida,  cualquier intento de separar en partes jamás puede agotar, mucho menos sustituir, a duras penas explicar, una integridad que siempre transciende la suma de los elementos que la forman.

 

            Las singulares características de las obras artísticas han servido en estas últimas décadas como un inagotable filón para construir nuevas teorías que han intentado desentrañar el enorme galimatías en el que nos encontramos inmersos. Así conceptos como los del Deconstrucción e Intertextualidad han venido a corroborar que ya no es posible una explicación ni unívoca ni global. Coexisten infinitud de textos sin principio ni final y sólo es posible parciales pero infinitas combinaciones de fragmentos.

 

            Jacques Derrida recurría al ejemplo del palimpsesto para exponer gráficamente sus teorías. Palimpsestos son las antiguas tablillas de cera que los escribas utilizaban como borrador de las tablillas definitivas de arcilla. Una vez pasadas a limpio, se borraba y se rescribía sobre ellas. En ese borrar y rescribir, a veces se yuxtaponía y/o superponía palabras, frases que coexistían en un mismo plano material, generándose nuevas lecturas, nuevos efectos de sentido.

 

            En el terreno artístico, Achille Bonito Oliva, abogaba a principios de los ochenta por la Transvanguardia con un hilo argumental con evidentes puntos de contacto. Decía Bonito Oliva que ya estaba todo hecho y que al artista del momento no le quedaba sino transitar como un nómada por la piel de la pintura, tomando de aquí y de allá fragmentos que le sirvieran para recomponer, entre irónico y descreído, un discurso personal. Enunciaba aquí lo que Umberto Eco definió espléndidamente como cita irónica del topos y que aplicó con singular maestría en su famosa novela El nombre de la rosa.

 

            Multiculturalismo, pluralidad, atomización, calidoscopio, cultura mosaico, interdisciplinariedad, biodiversidad... se han convertido en expresiones casi coloquiales que se usan y se escuchan en los contextos más heterogéneos.

 

            La descontextualización y la yuxtaposición son la base misma del collage. Palabra francesa (por encolar) que define el hecho de coger un material (extra-artístico) e incorporarlo tal cual a la obra (de arte). Este quitar de una realidad preexistente para poner en otra todavía por construir, puede -y debe- ser al mismo tiempo un eficaz recurso técnico y una compleja operación conceptual. De hecho, tras tomar carta de naturaleza estética en  el Cubismo, se  transformó en un inagotable filón explotado con avidez por numerosos artistas. 

 

            No deja de ser llamativo que si el collage inauguró a principios del S.XX. las puertas del arte moderno, sea ahora el concepto de palimpsesto -tan unido al primero- el que continúe de candente actualidad en este mismo siglo que está a punto de cerrarse.

 

El collage ha sido objeto de riguroso estudio y tenaz aplicación plástica por parte de Julio Bosque. La mayor parte de su trabajo (al menos el que yo he tenido la oportunidad de ver) obedece a una misma orientación poética donde destaca el collage como parte visible y la dialéctica imagen-escritura como problema de fondo. 

 

            La compleja relación entre la escritura y la imagen tienen su punto de partida en que siendo en principio la misma cosa, también pueden llegar a ser justo lo contrario. Llevando este segundo supuesto al extremo, el planteamiento sería el siguiente: mientras las palabras escritas son formas codificadas que vehiculan significados concretos, las imágenes son formas más o menos arbitrarias que no tienen por qué encerrar ningún significado. Dicho en otros términos: mientras la palabra es sentido, la imagen es forma (una vez más, los binomios significado-significante, contenido-continente).

 

            Esta reducción en un plano teórico es burlada constantemente en la realidad. Así hay signos propios de la escritura que funcionan como formas sin significado. Del mismo modo que hay imágenes tan precisas como unívocas en su sentido. Desde la caligrafía escolar hasta el grafismo abstracto, todo un universo gráfico se dibuja y se escribe - o se escribe y se dibuja- infinitamente  versátil. Universo que gira sin cesar en torno al inasible concepto de belleza. Aspiración común a la belleza que tiene su mínimo denominador común en lo poético, ingrediente indispensable en un poema, en una pintura, en toda obra de arte.

 

            Siendo la imagen forma, y si también como afirma Pablo Palazuelo, toda forma aparecida es materia y toda materia manifestada es forma , entonces el círculo se cierra. Aunque es imposible explicarlo con palabras -y quizás más aún entenderlo racionalmente-, tenemos que imagen, forma y materia son cosas distintas pero, en última instancia, existe una profunda relación de identidad entre ellas.

 

            En esta última serie de pinturas de Julio Bosque, los resultados, al tiempo que imponen una inmediata fascinación visual, alientan diversas contradicciones que invitan a la reflexión sosegada. Estructuras invisibles frente a imágenes perceptibles. Sistemas visualmente muy organizados que juegan con lo aleatorio, la casualidad, el caos. La parte como todo y la totalidad como fragmento. La figuración como abstracción y lo abstracto como figura. Inversión de la lógica comunicativa (el medio de representación desaparece transformado en pura referencia) en  presencia no significativa (el medio de presentación enmascara, cuando no oculta, toda referencia). Unidad del formato que se dinamita internamente -deformando los límites ortogonales convencionales del formato rectangular del bastidor- con la complejidad necesaria para aproximarse al insondable abismo de lo inexplicable verbalmente.

 

            El anciano Cézanne  martilleaba los oídos de los jóvenes pintores  que acudían reverentes  a su taller con una frase muy elocuente: Los ojos no bastan, hace falta reflexionar. Un siglo después, nuestros ojos ven y leen -literalmente- estas palabras pero no todos son capaces de extraer las oportunas conclusiones.

 

            La actitud y el trabajo del genial pintor francés constituyen uno de los pilares fundamentales sobre los que se levantará el intrincado edificio -visible pero incomprensible- del arte contemporáneo. Si hasta el S.XX todo el mundo disfrutaba la pintura convencidos de entenderla  (aunque la mayoría no entendía nada), en el presente siglo, demasiados ven la pintura disgustados porque no entienden nada de nada (aunque ellos digan que no hay nada que entender).

 

Opiniones -y discusiones- aparte, el desconocimiento de un elemental código común a lo largo del presente siglo facilita enormemente la consumación de este engaño. En este punto, conviene recalcar la importancia del lenguaje -oral y escrito- como eficaz medio de comunicación, así como su desarrollo específico en el hombre -sin parangón posible en la naturaleza-  Ahora bien, saber ortografía y conjugar los verbos es necesario pero no suficiente para escribir correctamente, ni mucho menos para hacer poesía.

 

            En cualquier caso, se han sucedido los denodados esfuerzos por demostrar -imposible empresa - que el arte es un lenguaje y, como tal, susceptible de ser reducido a un simple abecedario. El problema añadido de la pintura es que no hay colores, formas, texturas, composiciones… equivalentes a las vocales y consonantes. Por si esto fuera poco todos aceptan que la escritura requiere un proceso de aprendizaje pero casi nadie admite, de entrada, que la percepción de una obra de arte va más allá de la visión fisiológica.

 

            Tanto la escritura como la pintura etc. son lenguajes, constituyen textos susceptibles de comunicar y, por lo tanto, de interpretarse. Ahora bien, en el caso concreto de la pintura, y muy significativamente en el caso de la pintura abstracta, las formas materiales que la constituyen no expresan ni comunican otra cosa que no se derive de su propia presencia y de su específica materialidad física.

 

            Por mucho que hoy en día se pueda ver la abstracción como una opción ensimismada, desconectada de la realidad social, no debemos olvidar que fue también -y lo sigue siendo- una opción ética. Muchos de los primeros abstractos renegaban de la hipocresía de la doble moral burguesa, de la falta de coherencia entre las apariencias y las esencias; buscaban un arte verdadero en el que la forma se identificase con el fondo. Identificación que no puede hacerse de un modo más directo, desnudo, sincero. Desde esta perspectiva, Julio Bosque entronca con esa búsqueda moderna de lo esencial y se aleja de posicionamientos revisionistas de la posmodernidad.

 

            Esa coherencia en la propia obra no es sino un correlato de esa coherencia interior que todo artista posee. Esa vibración más secreta en palabras de Deleuze que nace de una repetición interior y profunda. Me parece extraordinariamente acertado y sugerente el enfoque adoptado por el genial filósofo francés cuando enuncia que la repetición no es la reproducción mecánica de la primera vez, sino llevar esa primera vez a la "enésima" potencia, bajo esta relación de la potencia, la repetición se invierte interiorizándose. En este sentido, no puedo dejar de repetir una parte de la cita inicial de Deleuze: Una obra de arte es repetida como singularidad sin concepto, y no es por azar que un poema debe ser aprendido de memoria. La cabeza es el órgano de los intercambios, pero el corazón es el órgano amoroso de la repetición.

 

            Quiero terminar este texto sobre la obra reciente de Julio Bosque subrayando ya lo hice con anterioridad la profunda concepción pictórica de su trabajo, su exquisito sentido cromático, su refinado tratamiento de las texturas, incluso auto limitándose a un claro-oscuro entonado en una gama de grises infinitos. Entre esas líneas escritas en blanco y negro, se expande suavemente su pintura cargada de poesía.

 

 

 

Juan Bta. Peiró

 

Wittgenstein, Ludwig. Observaciones sobre los colores. Barcelona, Paidós. 1994. p.52

 

Deleuze, Gilles. Répetition et différence. París. Presses Universitaires de France. 1969. citado por Foucault, Michel. Deleuze, Gilles Theatrum Philosophicun seguido de Repetición y diferencia. Barcelona, Anagrama. 1999. pp. 50-51

 

Palazuelo, Pablo. Escritos. Conversaciones. Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos, Murcia, 1998, p.34